banner4


 

Noticias Destacadas

Pedro Iturralde: Vitalidad del maestro

 

 

Si Wayne Shorter

 

 

 

 

 

Con formación de cuarteto y en total comunión con el pianista donostiarra Iñaki Salvador, que es en escena su amigo, cómplice y retoño, Pedro Iturralde, dejó claro desde el primer instante que está pleno de vitalidad y fuerza.

Ricardo Aldarondo | DV San Sebastián | 30 de julio

 

Si Wayne Shorter dio anteayer una lección magistral de cómo seguir evolucionando a edad avanzada, Pedro Iturralde volcó ayer su maestría y versatilidad en otra demostración de ruptura de fronteras. Iturralde ha tocado en discos de todo tipo de cantantes (citó entre ellos a Urko), pasó de la banda de su pueblo, Falces, a las más grandes orquestas de música clásica, y ha sido admirado por Gerry Mulligan y tantos otros americanos de cuyas fuentes él, a su vez, bebió.

 

En su empeño de demostrar que es un músico total (cuando le dieron el Príncipe de Viana eligió tocar Mussorgsky en la ceremonia, y no jazz), se presenta en directo con algunas de sus propias composiciones, y con recuerdos y homenajes a los maestros que jalonaron su carrera. Y con un recorrido por las músicas que ha hecho y ha amado, que convierte el concierto en una biografía musical en marcha. Iturralde introduce cada tema con amplios discursos que recuperan momentos de su trayectoria, en cálida y familiar comunicación con el público.

 

Con formación de cuarteto y en total comunión con el pianista donostiarra Iñaki Salvador, que es en escena su amigo, cómplice y retoño, Pedro Iturralde, dejó claro desde el primer instante que está pleno de vitalidad y fuerza: de salida se lanzó con una porción de be-bop que cimentó con un solo superveloz y agilísimo. Son 78 años, pero no se notan en absoluto, hasta el punto de que cuando bromea («habrá que ir terminando porque estos jóvenes estarán cansados», en referencia a los músicos mucho más jóvenes que le acompañan) parece que está diciendo verdad.

 

Iturralde no sólo se lució con el saxo. El clarinete, un instrumento que era mucho más respetado cuando de joven él se empeñó en tocar el saxo, ha vuelto a sus manos después de algún tiempo alejado de él, aunque no lo parezca. Con ese instrumento interpretó un precioso Summertime, inicio de un medley dedicado a algunos de sus héroes, como Artie Shaw, Duke Ellington o Gershwin. Para cuando llegó a I Got Rhythm ya estaba con el saxo, emprendiendo un veloz y preciso diálogo con Iñaki Salvador. El pianista, unía la devoción al maestro con la demostración de las grandes facultades propias, con solos de alta intensidad y ebullición. Iturralde, por su parte, creaba un ambiente muy familiar con sus músicos, a los que se acercaba para escuchar atentamente sus solos.

 

Tras un par de composiciones propias en homenaje a otros maestros, John Coltrane y Thelonius Monk, el público ya soltaba «bravos» entre rotundas ovaciones; y no era para menos. El tema de Edith Piaf fue otra preciosidad. Y sorprendió con músicas de herencia griega (Suite helenique) y vasca, una composición propia titulada Ongi etorri.

 

Por si fueran pocas demostraciones de la amplitud de su talento, Iturralde interpretó al piano su pieza andalucista Zorongo gitano. Y finalmente, para coronar dos horas de concierto brillantes, cantó «para las señoras», Las hojas muertas.

 

Un momento especialmente emotivo, porque poco antes, el saxofonista navarro había recordado que el año pasado perdió a su hermano y a su mujer, y estuvo a punto de tirar la toalla. Afortunadamente, no lo hizo, y este año está disfrutando de premios y buenos momentos, como la enorme ovación que le despidió ayer en el Victoria Eugenia. Pues eso, ongi etorri, y que sea por muchos años.